Desde una visión multidisciplinaria y profundamente conectada con la experiencia de las personas, Agustín Quiroga, arquitecto titulado de la Universidad Andrés Bello, se ha consolidado como uno de los referentes del diseño y la arquitectura contemporánea en Chile. Como socio fundador de CQ Estudio, su trayectoria destaca por abordar proyectos complejos desde una mirada integral, cultural y urbana.
Hoy, a casi 20 años de haber fundado su estudio, Agustín mira hacia atrás y reconoce cómo su paso por la UNAB fue clave para abrir su campo profesional y construir una forma propia de entender la arquitectura.
¿Siempre quisiste estudiar Arquitectura?
Aunque el interés por la arquitectura estuvo siempre presente, la verdad es que al comienzo no tenía plena claridad sobre el alcance real de la profesión. La veía desde una mirada mucho más tradicional. Con el tiempo entendí que el campo era muchísimo más amplio, que no se trataba solo de edificios, sino de ciudad, cultura, experiencia, relaciones humanas y muchas otras dimensiones que hoy forman parte central de mi trabajo.
¿Cómo recuerdas tus años de estudio en la UNAB? ¿Hubo profesores que marcaron tu camino?
Hubo varios docentes que marcaron profundamente mi formación, no solo desde lo técnico, sino desde la apertura intelectual y creativa. Profesores como Jorge Guerra, Alberto Sato, Cecilia Puga y Alejandro Soffia —entre otros— fueron claves para empujarme a explorar nuevas dimensiones del diseño y la arquitectura. Más que enseñar contenidos, nos invitaron a pensar, a cuestionar y a buscar nuestra propia voz.
¿Qué herramientas te entregó la universidad que sigues usando hoy?
Más que herramientas puntuales, la universidad me entregó una apertura de mirada. Me permitió entender que la arquitectura dialoga con muchas otras disciplinas. Esa inquietud incluso me llevó a mantenerme vinculado a la UNAB como ayudante y docente, participando en cursos orientados al desarrollo profesional y a la exploración de nuevas tecnologías aplicadas a la arquitectura y el diseño.
¿Cómo nace CQ Estudio?
CQ Estudio comenzó a gestarse mientras estudiaba. Junto a socios y amigos decidimos emprender incluso antes de titularnos. No teníamos mucho que perder: no estábamos casados, no teníamos hijos. Por lo tanto, sentimos que era el momento adecuado para intentarlo.
Comenzamos con trabajos pequeños y proyectos incipientes. El estudio fue creciendo de manera orgánica, construyendo una identidad propia basada en la diversidad de escalas, tipologías y clientes. Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que esa diversidad es una de nuestras mayores fortalezas. Nuestro portafolio refleja que hay una visión detrás, no una forma única de hacer las cosas.
¿En qué tipo de proyectos ha participado CQ Estudio?
A lo largo de estos años hemos trabajado en proyectos de gran impacto urbano, abordando desafíos que van desde espacios públicos y distritos gastronómicos hasta proyectos culturales, museográficos y de arquitectura efímera, en colaboración con equipos nacionales e internacionales.
Para mí, el valor de estos proyectos no está solo en su estética, sino en la profundidad y en la relación que establecen con las personas y la ciudad. Un ejemplo claro de esto es el Mercado Urbano Tobalaba (MUT), más allá del diseño, lo importante es cómo estos proyectos se conectan con la cultura urbana y mejoran la experiencia diaria de quienes los habitan.
¿Cómo nace la relación de CQ Estudio con MUT y qué significó asumir ese desafío?
Comenzamos a trabajar con el grupo Territoria alrededor de 2018, cuando buscaban equipos jóvenes con una mirada más amplia y multidisciplinaria. El proceso fue largo,hubo entrevistas, análisis de la oficina y ejercicios proyectuales donde tuvimos que demostrar cómo entendíamos la ciudad, la cultura urbana y a las personas.
Partimos de a poco, con áreas muy acotadas, y con el tiempo terminamos involucrados prácticamente en todo el desarrollo del proyecto.
MUT es un proyecto muy distinto a un centro comercial tradicional. ¿Qué lo hace tan especial desde tu mirada?
MUT es un proyecto profundamente conectado con la ciudad y con su gente. No es solo un lugar para consumir, es un espacio que genera vínculos, que entiende su entorno, su comunidad y su cultura urbana. Fue un proyecto arriesgado y poco convencional, pero había una convicción muy fuerte de aportar a la ciudad desde un lugar distinto, creando experiencias significativas para las personas. Hoy, ver cómo MUT es vivido y querido por la gente confirma que esa visión valió la pena.
¿Qué aprendizajes te dejó este proyecto?
Fue un aprendizaje enorme, tanto profesional como personal. Hubo mucha presión, decisiones complejas y desafíos que no siempre sabíamos cómo enfrentar al comienzo. Pero MUT nos reafirmó que la arquitectura puede y debe tener profundidad, impacto urbano y sentido cultural. Además, nos abrió muchas puertas a nivel nacional e internacional.
Como arquitecto, ¿cómo ves hoy la profesión?
La arquitectura es mucho más amplia de lo que a veces se muestra. Es una disciplina que articula y orquesta muchas otras áreas. Yo invito a las nuevas generaciones a no limitarse, sino a explorar cruces con tecnología, cultura, sociología, diseño y experiencia de usuario.
¿Cómo se proyecta CQ Estudio en los próximos años?
Estamos en una etapa de consolidación y proyección. A punto de cumplir dos décadas de trayectoria, esperamos que los próximos cinco años sean de expansión, abriendo nuevos campos y manteniendo siempre una inquietud permanente por investigar, aprender y seguir desafiándonos.
Para cerrar, si tuvieras que definir a CQ Estudio en una frase, ¿cuál sería?
Mejorar las experiencias diarias de las personas, desde cualquier proyecto y en cualquier escala.
Esta definición refleja no solo mi trabajo profesional, sino también el espíritu con el que inicié mi camino desde las aulas de la UNAB.